sábado, agosto 24

Rotación mal crónico

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Mucho se ha hablado sobre uno de los principales males de las organizaciones mexicanas, la rotación de personal. En pocas palabras, significa falta de compromiso de una empresa con sus empleados desde el punto de vista motivacional, económico y de desarrollo personal.

Nadie puede estar exento, incluso es un mal común en este mundo editorial. Pero a últimas fechas se ha apoderado del mercado de TIC. Cada vez es más frecuente que compañías “sólidas” ven volar a sus estandartes, e incluso hay varias que cambian de directores generales muy frecuentemente. Las razones que esgrimen son del todo conocidas: renuncia por proyectos personales, deseos de superación, año sabático e incluso para dirigir negocios personales.
Pero todas las empresas tienen fugas de información y la verdad se sabe tarde o temprano, por eso el oficio de paparazzi es bien aceptado en varios medios de comunicación.
Lo malo es que la rotación de personal ha dejado de ser noticia en varios corporativos mexicanos. Y las raíces son conocidas, pero muy difíciles de atacar. El antídoto es regirse bajo una premisa sencilla: es indispensable dar a los empleados los alicientes necesarios, (no necesariamente económicos) para su desarrollo.
Entonces sucede todo lo contrario: comienza con un deficiente proceso de selección de personal; por lo general no existe dicho departamento, y por ende, se cae en errores frecuentes. Posteriormente se hacen promesas irrealizables; se engaña a la gente y opta finalmente por dejar a la compañía cuando tienen una mejor oportunidad de trabajo.
Otro mal es la envidia que corroe a nuestras empresas, al no haber un plan de comunicación organizacional se cae frecuentemente en el canibalismo laboral, y los supuestos empelados más fuertes se quedan, pero finalmente la empresa sale perdiendo.
Ni hablar de la economía, pero de hecho estoy seguro que cuando existe un ambiente laboral sano, el dinero puede pasar a segundo término, aunque al final el billetito habla por sí solo.
Pero existe otro punto que no se puede dejar de lado. Muchos corporativos extranjeros que tiene presencia en México, no entienden nuestra ideología de trabajo: imponen directores generales a su imagen y semejanza sin tomar en cuenta el color y la personalidad del trabajador mexicano, y mucho menos del canal de distribución.
Digamos que un yankee o un asiático no son lo mismo que un mexicano, desde cualquier óptica que se vea. No digo que sean mejores o peores, pero una empresa mexicana tendrá que ser mexicana en esencia aunque que tenga 100% de capital extranjero. De lo contrario tendremos organizaciones híbridas, empleados sin identidad propia y tarde o temprano llegará la consabida rotación de personal.
Finalmente, los sacos hay que ponérselos si le quedan a uno, de lo contrario deseche lo expuesto en este espacio…

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