jueves, noviembre 15

Espías bienvenidos: las apps y tu privacidad

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Por el Instituto del Derecho de las Telecomunicaciones, IDET:

¿Qué pasaría si un extraño se presenta en la puerta de tu casa y lo dejas pasar para dormir en tu recámara, mirar lo que comes, tomar nota de las personas con quienes hablas y leer tu correspondencia? Nadie en su sano juicio haría algo semejante… a menos que el espía venga dentro de tu celular. Millones de usuarios de aplicaciones móviles y servicios de internet aprobamos sin pensar muchas condiciones de uso que en ocasiones incluyen la recolección de datos con implicaciones para nuestra privacidad como individuos.

Pero primero revisemos cómo funcionan las apps dentro del celular.

El sistema operativo de un dispositivo móvil (sin importar si es iOS o Android) funciona como una suerte de central de tráfico que coordina el movimiento de datos entre los diversos componentes del dispositivo (hardware) y las aplicaciones instaladas en su interior (software). Más o menos esto funciona así en el sistema Android: las aplicaciones  se encuentran por encima de otras capas, que a su vez se comunican directamente con piezas como la cámara, el micrófono, el módulo de posicionamiento GPS y la memoria, así como a datos contenidos en el calendario, el directorio telefónico y otras partes del sistema operativo. La aplicación de Facebook, probablemente la más popular en México, solicita acceso a las siguientes fuentes de datos del celular: calendario, cámara, lista de contactos, ubicación, micrófono, teléfono, mensajes sms, almacenamiento, y otros como descargar archivos sin notificarlo al usuario, leer los contactos, agregar al calendario eventos, enviar correos electrónicos e incluso información confidencial. Pero antes de caer en la paranoia es preciso decir que para que una app funcione, necesita tener acceso a otras partes del celular. Una app de mapas, por ejemplo, necesita acceder al GPS del celular o una aplicación de correo electrónico debe acceder a la memoria del celular para almacenar los mensajes recibidos y al módulo de comunicación del celular y de WiFi para comunicarse con el servidor de correo y descargar los mensajes.

El problema es que pocos sabemos lo que pasa después de descargar una app. Muchos pulsamos instintivamente OK cuando nos piden dar aprobación a la descarga, sin pensar en aquello que la aplicación sabrá del usuario. En teoría, las empresas ponen a disposición de los usuarios información sobre los datos que recopilan de los usuarios y el uso que les dan. Sin embargo, no todas las empresas explican a detalle o su información está en inglés en páginas escondidas en sus sitios web y en ocasiones los desarrolladores de aplicaciones ocultan sus propósitos reales, usando la información para enviar publicidad no autorizada, revender los datos a terceros o incluso dirigir ataques de código malicioso.

Los usuarios de apps confían en que las grandes empresas responsables de las plataformas Android y iOS se ocupan de mantener estándares de privacidad, pero es una labor compleja pues cada día cientos de apps entran en sus tiendas. De acuerdo con un análisis de la empresa Appfigures, en la tienda de Android existen más de 3.5 millones de aplicaciones mientras que en la tienda de iOS la cantidad rebasa los 2 millones. Sin embargo, esto no significa que estemos indefensos contra la extracción maliciosa de nuestra información.

El secreto está en los permisos

La mejor manera de mantener controlado el uso no autorizado de nuestra información radica en regular apropiadamente los permisos que damos a las aplicaciones que descargamos. Las dos plataformas móviles han hecho esfuerzos para que los usuarios puedan controlar dichos permisos. En el caso de Android, en el menú Configuración existe una sección llamada Apps y Notificaciones, donde a su vez existe un apartado llamado Permisos donde el usuario puede ver los permisos que tiene asignada cada app. En el caso de iOS, dentro del panel Configuración existe una opción llamada Privacidad que informa sobre los permisos concedidos a cada app instalada.

En el mundo que vivimos los datos personales, tales como nuestro directorio de contactos, las fotografías de nuestras últimas vacaciones y los mensajes enviados a nuestros seres queridos, son fuente de valiosa información que debemos controlar y cuidar como lo hacemos con nuestro monedero o nuestra cartera, cerrando la puerta a los mirones que quienes llevarse pedazos importantes de nuestra vida digital.

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