
Impacto medioambiental de la IA
El crecimiento de la inteligencia artificial está intensificando el debate sobre el impacto ambiental de las infraestructuras que hacen posible su funcionamiento. Mientras la Agencia Internacional de la Energía (IEA) prevé que el consumo eléctrico de los centros de datos pase de 415 TWh en 2024 a 945 TWh en 2030, voces de activistas medioambientales alertan del impacto que estas instalaciones pueden tener sobre el consumo de agua y los recursos de las comunidades locales.
Expertos del sector insisten en que esta evolución obliga a ampliar el debate sobre el desarrollo tecnológico. “La IA puede convertirse en una herramienta clave para mejorar la eficiencia energética, optimizar recursos y acelerar la lucha contra el cambio climático, pero también debemos prestar atención a la huella ambiental de las infraestructuras que hacen posible su funcionamiento”, advierte Sergio García Estradera, gerente de i3e.
Aunque la IA suele percibirse como una tecnología intangible, detrás de cada consulta, modelo o aplicación existen miles de servidores que requieren un suministro constante de electricidad y avanzados sistemas de refrigeración. Según datos recopilados por Euronews, Estados Unidos concentra actualmente más de 5.400 centros de datos, la mayor cifra del mundo, mientras que la Unión Europea supera los 2.200.
Temperaturas récord y una demanda energética al alza
Según la IEA, los centros de datos consumieron alrededor de 415 TWh de electricidad en 2024, el equivalente al 1,5 % de la demanda eléctrica mundial. La organización estima que esta cifra podría alcanzar los 945 TWh en 2030, impulsada principalmente por el desarrollo de la inteligencia artificial.
Este incremento coincide con un contexto marcado por temperaturas récord y una creciente presión sobre los recursos energéticos. Según la AEMET, julio de 2026 ha sido el mes más caluroso registrado en España, dentro de una tendencia sostenida de fenómenos meteorológicos extremos.
La otra factura de la IA: agua, energía y recursos
Más allá del consumo eléctrico, diversos estudios internacionales han alertado sobre el uso intensivo de agua necesario para refrigerar servidores y equipos de alto rendimiento, una cuestión que ha situado la sostenibilidad de los centros de datos entre los principales retos asociados al crecimiento de la economía digital.
La preocupación por este asunto ha trascendido el ámbito tecnológico. Recientemente, Erin Brockovich, cuya investigación inspiró la película protagonizada por Julia Roberts, ha advertido sobre el impacto que algunos centros de datos pueden tener sobre el consumo de agua, la demanda energética y los recursos disponibles en las comunidades donde se ubican.
Desde i3e recuerdan que la disponibilidad de energía, la eficiencia de los sistemas de refrigeración y la planificación de infraestructuras serán factores cada vez más determinantes para sostener el crecimiento de la economía digital. “La conversación sobre la IA ya no puede centrarse exclusivamente en sus capacidades tecnológicas. También debemos preguntarnos cómo garantizar que esta revolución digital avance de forma compatible con los compromisos energéticos y climáticos que la sociedad se ha marcado”, concluye García.
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