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¿Nube, infraestructura local o edge computing?

La dependencia de los servicios de nube está llevando a las organizaciones a replantear sus decisiones de infraestructura de TI. Para Oscar Ponce, gerente de territorio para Latinoamérica de StorMagic, el reto ya no consiste en elegir entre nube o infraestructura local, sino en determinar dónde debe ejecutarse cada carga de trabajo para equilibrar disponibilidad, costos, rendimiento y resiliencia.

Ponce sostiene que la adopción del cloud computing durante la última década llevó a muchas empresas a privilegiar estrategias cloud-first, mientras que la infraestructura on-premises quedó relegada. Sin embargo, desde su perspectiva, la experiencia reciente con interrupciones de servicios está generando una conversación más estratégica sobre los límites de la centralización.

En 2025, 98% de las empresas a nivel mundial utilizó servicios de nube en alguna medida.

La resiliencia depende de la arquitectura

La resiliencia no se consigue con más de lo mismo, afirmó Ponce. Apoyar todas las cargas críticas en un único proveedor o, como se hace a veces, repartirlas entre distintos proveedores que dependen de la misma infraestructura, redes o sistemas eléctricos no elimina el riesgo, y genera una falsa sensación de seguridad. La verdadera resiliencia depende de la diversidad  arquitectónica, una visibilidad operativa clara y de la capacidad de seguir funcionando incluso cuando una parte de la cadena falla.

Algunas empresas están comenzando a reaccionar. Los modelos de infraestructura híbrida, que combinan la escalabilidad de la nube con infraestructura on-premises y edge computing, están ganando terreno. Actualmente, alrededor del 61% de las organizaciones empresariales utilizan entornos híbridos, combinando nube pública con infraestructuras privadas y locales para gestionar costos, riesgos y disponibilidad.

Cuando las diferentes capas de infraestructura se alinean con las prioridades de negocio, latencia, costos, cumplimiento normativo o disponibilidad, las organizaciones obtienen mucho más que flexibilidad técnica: consiguen previsibilidad operativa.

Las motivaciones para adoptar modelos híbridos no responden únicamente a la flexibilidad o la innovación, sino a una percepción realista del riesgo y a la necesidad de equilibrar prioridades contrapuestas. Mientras los entornos cloud destacan por su escalabilidad y elasticidad, la infraestructura local sobresale en previsibilidad, control y resiliencia.

Uno de los principales argumentos de Ponce es que la disponibilidad no puede darse por garantizada únicamente por utilizar servicios de nube. Asimismo refirió una caída generalizada ocurrida a finales de 2025 en uno de los principales proveedores de servicios cloud, que afectó a organizaciones y servicios en distintos sectores, incluidos algunos en México.

El episodio, señala, evidenció la dependencia de la economía digital respecto de plataformas centralizadas. A ello se suman los costos asociados a las interrupciones. De acuerdo con el 2025 Annual Outage Analysis de Uptime Institute citado por Ponce, más de la mitad de los encuestados señaló que su última interrupción importante generó pérdidas superiores a 100 mil dólares, mientras que un grupo registró pérdidas mayores a un millón de dólares.

Desde su perspectiva, la resiliencia requiere diversidad arquitectónica, visibilidad operativa y capacidad para mantener la operación cuando una parte de la infraestructura falla. Por ello, distribuir cargas entre distintos proveedores no necesariamente elimina los riesgos si estos dependen de infraestructura, redes o sistemas eléctricos comunes.

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Cada carga de trabajo requiere una ubicación

Ponce plantea que la discusión actual debe centrarse en dónde aporta mayor valor cada tipo de infraestructura.

–La nube mantiene ventajas para cargas que requieren escalabilidad y procesamiento centralizado, como la analítica a gran escala o el entrenamiento de modelos de machine learning.

–En contraste, las aplicaciones vinculadas con operaciones cotidianas, procesamiento en tiempo real o aquellas que no pueden tolerar interrupciones pueden beneficiarse de una infraestructura más próxima al lugar donde se generan los datos.

–El especialista también relaciona esta tendencia con la inteligencia artificial. Mientras el entrenamiento de grandes modelos puede realizarse en la nube, señala que la inferencia y la toma de decisiones operativas pueden acercarse al punto donde se producen los datos, con el objetivo de reducir la dependencia de una conexión externa constante y mejorar los tiempos de respuesta.

La estrategia híbrida requiere planificación

Para Ponce, adoptar una arquitectura híbrida no consiste en combinar servicios de nube con infraestructura local. Las organizaciones deben determinar primero qué cargas de trabajo son críticas para el negocio, particularmente aquellas que generan ingresos, controlan operaciones físicas o requieren respuesta en tiempo real.

También considera necesario definir responsabilidades de gestión y establecer mecanismos de monitoreo que permitan supervisar los distintos entornos.

El costo es otro elemento a evaluar. Aunque la nube ofrece elasticidad para cargas variables, Ponce señala que para operaciones estables y continuas los costos acumulados durante varios años pueden favorecer una implementación local cuando la infraestructura está correctamente dimensionada.

El autor aclara que los modelos híbridos no son adecuados para todas las organizaciones. Empresas con equipos pequeños sin experiencia en infraestructura o con una presencia física limitada podrían obtener menos beneficios. Por ello, plantea que las transiciones se realicen de manera gradual, comenzando con cargas de trabajo específicas y evaluando los resultados antes de ampliar el modelo.

En este escenario, Ponce identifica la simplicidad y la previsibilidad operativa como elementos cada vez más relevantes en las decisiones de infraestructura. Su tesis es que la elección entre nube, infraestructura local y edge computing debe responder a las características de cada carga de trabajo, en lugar de depender de una estrategia tecnológica única.

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