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IA y competitividad: la ventaja que México no puede desaprovechar en 2026

Ángel Pérez Puletti, CEO de Baufest:

Durante décadas, la industria de servicios tecnológicos se estructuró sobre una ecuación relativamente simple: más proyectos, más código, más horas facturadas. Este modelo fue funcional al contexto de expansión sostenida, pero hoy toma otra forma. La inteligencia artificial cambió las reglas: redefine el valor, desplaza las fronteras de lo posible y obliga a repensar de raíz cómo se crea riqueza en la industria IT. En 2026, este cambio dejará de ser una transición para convertirse en una condición obligatoria de competitividad global.

Según datos recientes de McKinsey, el 88% de las organizaciones ya utiliza inteligencia artificial en fase de experimentación en al menos una función de negocio y el 62% implementa IA generativa de forma regular. No estamos ante una promesa futura sino frente a una transformación estructural en curso. La tecnología es hoy más que nunca una infraestructura estratégica.

El doble movimiento de las fronteras

La industria enfrenta hoy un fenómeno simultáneo: una frontera se achica mientras la otra se expande.

Por un lado, las nuevas tecnologías estandarizan lo que antes era diferencial. Desarrollos que solo algunos años atrás implicaban proyectos complejos y a medida hoy se resuelven con plataformas listas para usar. La inteligencia artificial acelera este proceso de comoditización: tareas que antes requerían meses de trabajo intenso hoy se automatizan en semanas o días. El valor diferencial que aportaba la tecnología en estas tareas se achica radicalmente y una frontera se corre.Para 2026, esta estandarización será un componente dominante del mercado tecnológico.

Pero, al mismo tiempo, se abre una nueva frontera de complejidad. La IA permite resolver desafíos que antes eran técnica o económicamente inviables. Modelos predictivos avanzados, automatización cognitiva, sistemas autónomos de toma de decisiones. El trabajo no desaparece, se traslada hacia niveles superiores de sofisticación, donde la arquitectura, la estrategia y la integración de datos se vuelven centrales. Una frontera que se expande.

Entonces, de un lado de la frontera está mi hijo, que no estudió sistemas y está programando visualmente un chatbot para atender los pedidos que recibe por Instagram en su emprendimiento usando ChatGPT. Recuerdo el primer proyecto de chatbot que hicimos en Baufest para un banco de primera línea, un proyecto en su momento complejo, que llevó varios meses.

Y del otro lado,  un ejemplo en la industria pesquera: empresas del sector están incorporando inteligencia artificial para analizar en tiempo real variables como temperatura del agua, corrientes marinas y comportamiento de los cardúmenes, lo que permite optimizar las rutas de navegación y definir con mayor precisión el momento y la zona de pesca. Esto se traduce en menos viajes improductivos, menor consumo de combustible, un aumento significativo de la productividad y cuidado del medio ambiente. Algo que antes se podía hacer solo en forma rudimentaria.

Esta transformación ocurre en un contexto de crecimiento sostenido del mercado. Gartner proyecta que el gasto global en tecnología superará los 5,6 billones de dólares en 2025, con un fuerte impulso en software, servicios TI y centros de datos. De acuerdo a sus estimaciones, el porcentaje de productos impulsados por agentes alcanzará un tercio del mercado mundial en 2028, una cifra muy superior al menos del 1% registrado en 2024.En 2026 veremos la aceleración más pronunciada de esta curva, marcando un punto de inflexión en la adopción masiva de agentes autónomos.

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De proveedores a socios estratégicos

En este nuevo escenario, ahora más que nunca las empresas buscan socios capaces de entender su negocio y construir soluciones con impacto real. La lógica del “tiempo y materiales” cede terreno frente a modelos basados en desempeño, resultados y valor generado.

Esta evolución también queda reflejada en los contratos. Un número creciente de organizaciones adopta esquemas vinculados a métricas de impacto, donde el éxito se mide en productividad, eficiencia y rentabilidad mejorada. La tecnología cada vez más es una inversión estratégica directamente asociada a resultados de negocio.

La inteligencia artificial generativa permite reducir costos operativos, acelerar ciclos de innovación y ampliar la oferta de servicios basados en datos, automatización y análisis predictivo. Sin embargo, el verdadero diferencial no reside en la tecnología en sí, sino en la capacidad de integrarla de manera coherente con procesos, cultura y estrategia.

Talento: cada vez más un activo crítico

Contrario al temor extendido, la IA no elimina al talento humano, lo redefine. Las tareas repetitivas se automatizan, pero crece la demanda de perfiles capaces de diseñar, supervisar, interpretar y gobernar sistemas inteligentes.

Estamos asistiendo al fin de la era del formulario y las interfaces rígidas. La interacción con la tecnología migra hacia entornos conversacionales e intuitivos, donde las personas dialogan con los datos. Este salto no es estético, es estructural. Exige sistemas más inteligentes, con capacidades ampliadas para gestionar complejidad.

El programador profesional del futuro será un orquestador de sistemas inteligentes, operando un verdadero «exoesqueleto tecnológico» formado por agentes autónomos de IA. Manejar ese poder requiere formación continua, criterio ético y visión estratégica. La tecnología se compra; el talento que sabe gobernarla será el recurso más escaso.

Una oportunidad para México

México se encuentra ante una oportunidad única para consolidarse como un actor clave en la nueva economía impulsada por la inteligencia artificial. Su cercanía con Estados Unidos y Canadá, en el marco del T-MEC, posiciona al país como un hub estratégico para el desarrollo tecnológico en la región.

El país combina una economía altamente competitiva con un entramado empresarial local robusto, donde conviven grandes corporaciones, pymes y startups que entienden el valor de innovar para seguir creciendo. Esta estructura diversificada permite a México aprovechar la IA no solo para aumentar su productividad, sino también para fortalecer su papel como socio tecnológico de Norteamérica.

El reto y la oportunidad están en el mismo punto: incorporar la inteligencia artificial como motor de competitividad, innovación y cooperación internacional. Si México logra alinear su ecosistema empresarial, académico y regulatorio en torno a una agenda de IA, podrá transformar su cercanía geográfica en liderazgo estratégico, atrayendo inversión, talento y desarrollo tecnológico de alto impacto.2026 será un año decisivo para definir si México se consolida como líder regional en IA o si deja pasar una ventana histórica de oportunidad.

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