Certificación, un as bajo la manga

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A pesar que en el mercado capacitarse y entrenarse es un diferenciador para quien lo hace, no todos le dan el mismo valor por diversas razones, pero la labor es ardua para quien lo imparte.

No está en tela de juicio la relevancia e injerencia que tiene directamente en el negocio el contar con certificaciones y niveles altos de conocimiento, tanto técnicos como comerciales en el mundo de TI.

Sin embargo, también es necesario resaltar que se podría pulir la manera con la que se llevan, otorgan, ceden o acceden los involucrados en torno a las certificaciones, pues de repente, el parecer de las instituciones, fabricantes y distribuidores no coincide del todo.

En México, esta práctica si bien no es nueva, tampoco se puede considerar de una larga historia con un alto índice de adopción y acción de las empresas que abordan soluciones de las tecnologías de la información, sobre todo en sectores que no son demandadas por el cliente final.

En temas tecnológicos más complejos, donde se manejan datos críticos o el valor de la información y disponibilidad de la compañía está en juego, el estar certificado garantiza una instrucción óptima. Incluso en este ámbito es muy común que si no se cuenta con ciertos requerimientos al respecto, ni siquiera es tomada en cuenta una propuesta; no son mercados sensibles al precio.

México es el tercer país en exportaciones globales de TI. De acuerdo a la CANIETI, en 10 años pasó de exportar 200 millones de dólares a cinco mil MDD en servicios de TI.

Pero qué sucede cuando se accede a la más alta clasificación de un fabricante o mayorista en su programa de canales para obtener descuentos, principalmente o a leads y la certificación sólo es la vía para alcanzar dicha meta.
Punto donde la cuestión giraría en torno al verdadero valor que tiene una certificación, y quién realmente se lo otorga, si el fabricante, el reseller, el usuario final o ninguno.

Panorama mexicano
Según Leonardo García, auditor e instructor de Grupo BSI, pasan entre 8 y 11 años para que México adopte normas que dan certificaciones en comparación con los países donde se generan.

Lo que es un proceso natural, ya que el adoptar una norma internacional no es un tema inmediato, las empresas deben asimilar el conocimiento y ver lo que verdaderamente les beneficia.

“En el país existen muchas empresas poco tecnificadas; sin embargo, de las que tenemos certificadas en gestión de la tecnología o la seguridad de la información han visto beneficio directo en su negocio, aseguran que el estar certificados les abrirá nuevos contratos y alcanzarán una prima del seguro de sus activos más baja”, mencionó el vocero de BSI.

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