Y las soluciones, ¿dónde están?

Lo que es digno de reflexión; sin embargo, es el exceso de información que puede existir, y la poca capacidad de acción ante tal conocimiento.

Cada vez son más las consultoras, organismos internacionales, de gobierno y privados, medios de comunicación, y un largo etcétera de instituciones y grupos, que presentan datos, encuestas, e informes de todo tipo; sin embargo, dicha información se queda en el tintero en muchas de las ocasiones, ya sea por falta de capacidad o interés.
Hoy en día es común encontrarse con información obtenida de las mencionadas fuentes, que presenta o representa una radiografía de aspectos de la realidad humana. Estudios que van desde la situación de la economía en determinada región del mundo, el índice de corrupción en el área norte de aquel continente, el grado de analfabetismo en las ciudades del sur, hasta el uso de shampoo y acondicionadores en los hogares de ese país.
Las tecnologías de información y comunicaciones no están exentas de dichos esquemas de conocimiento; es más, sus variables son tan amplias que alcanzan las más remotas posibilidades de la imaginación.
Una de esas variables es, indudablemente, el canal de distribución. Y para entenderlo, desde un punto de vista metodológico, estadístico y cuantitativo (que no cualitativo, porque merecería otro tipo de estudio), es necesario segmentarlo por región, país, provincia o estado, área de oportunidad, tamaño… ¿qué más se le ocurre?
La época que vivimos es de información, claro. Y por supuesto que se necesita contar con ella, es vital para la sociedad en su conjunto y los individuos. Además es fundamental que ésta fluya en la medida de lo posible en su estado más puro, analítico y oportuno.
¿Cuál es el problema?
Lo que es digno de reflexión; sin embargo, es el exceso de información que puede existir, y la poca capacidad de acción ante tal conocimiento. No se trata de manejo privilegiado de ésta, ni de ocultarla. El asunto va más allá. Es una cuestión de (in)capacidad para resolver situaciones dadas por un estudio sobre una problemática en particular.
Y es que, tanto gobiernos como iniciativa privada u organismos internacionales parece que olvidaron ejecutar acciones como resultado de la información y conocimiento que poseen.
Aquí un ejemplo: datos de DMR Consulting señalan que la calificación de las TIC está impulsada por la expansión del número de usuarios de Internet en México, que alcanzó 175 personas por cada 1,000 habitantes, más de 30% interanual; sin embargo, datos del INEGI, indican que en el país, 18.4% de los hogares cuenta con una computadora, y de éstos, sólo 9% tiene conexión a Internet, de este porcentaje, 49.2% atribuyen la falta de conectividad a razones de costo.
Las interpretaciones de ambos estudios dependen de la óptica de quien los analice, y se puede suponer que en México hay una gran oportunidad de mercado para Internet, que hacen falta programas de gobierno para llevar la Web al grueso de la población, que los costos de conexión son caros, que México pierde competitividad al estar “muy” desconectado. En fin, razones hay varias y observaciones e interpretaciones también; sin embargo, una cosa es invariable, no existe un estudio que diga con certeza lo que se debe de hacer, sin interpretaciones; es decir, que contemple todas las opciones mencionadas, las conjunte y las presente como política mundial en beneficio común.
Y se atribuye esto a falta de capacidad, que a fin de cuentas tiene solución, sólo es cuestión de colocar a las personas adecuadas en los cargos adecuados; pero, si es una cuestión de decisión, y no de capacidad, donde la decisión sea no hacer nada, entonces sí hay un grave problema, que ningún estudio definirá.

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